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  • Rafael Mendoza Padilla

El Bosque Quemado del Presidente.

Acto uno: el planeta se encuentra frente a una crisis climática. Los océanos repletos de basura al punto que, hace unos años en un récord mundial de buceo, se encontró plástico en un lugar por primera vez explorado del mar. Las campañas de reciclaje no son capaces de revertir los estragos causados por la creación y uso de plástico. Las emisiones de CO2 cada vez son más alarmantes. El valle de México está a unos pasos de instaurar el uso de cubre bocas por la mala calidad del aire, no por pandemia.


Acto dos: violando tratados internacionales y derechos humanos, sin mencionar la inviabilidad económica, el presidente López Obrador optó por utilizar su mayoría en el Congreso para que aprobara una reforma a la Ley de la Industria Eléctrica que retorna a México a la década de los 20. Sin abundar en la cantidad de prerrogativas que concede a la Comisión Federal de Electricidad de manera desmedida y otras inconsistencias que valen la pena retomar, una de las consecuencias más visibles es el daño que causará al planeta por el uso de combustóleos y apostar más millones de los que ya ha dedicado, a Pemex.


Acto tres: frente a la gran irresponsabilidad social del presidente, la comunidad mexicana decidió actuar, no sólo por los «intereses privados» que tanto aborrece, sino también por una ética social. Diversos colectivos e, incluso, la juventud de este país decidió que no podían atentar contra el medio ambiente ni contra el futuro de miles de personas que estarán después, viviendo las consecuencias de un acto caprichoso, por lo que llovieron amparos contra dicha reforma. A lo cual, el titular del ejecutivo respondió con las culpas típicas que él conoce: «el neoliberalismo» «la oposición» «los empresarios».

Acto cuatro: el pasado jueves 22 de abril se celebró la Cumbre Climática Virtual por ocasión del día de la tierra. La comunidad internacional, encabezada por el presidente de los Estados Unidos, mencionó la necesidad de tomar acciones que favorezcan al planeta, así como la importancia del trabajo en conjunto. Reconoció la necesidad de que cada país, en la medida de sus posibilidades, tome un papel activo en la lucha por el bienestar del medio ambiente en esta década que es trascendental. Porque a diferencia de su antecesor, él reconoce lo que es verdad, el calentamiento global. Un problema global por la inferencia del humano en la naturaleza, entre otras cosas.


Acto cinco: responde el presidente, ¿cómo? Pidiendo visas y un financiamiento a los estadounidenses. Aquí se debe precisar algo, como bien dijo Joe Biden, y en sintonía con el Global Environment Outlook elaborado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), las energías limpias son el futuro del planeta y de la economía. En efecto, son la mejor opción para la salud y el bolsillo de los Estados. La ONU realizó una investigación en el documentado antes citado y observó, entre otras cosas, que una vida sustentable es igual a una economía sustentable, otorgando más empleos de los que se producen por el uso de combustóleo.


Entonces, y una vez aclarado esto, ¿por qué fue ridículo que pidiera esto el presidente a su homólogo? Porque la hipocresía es la bandera de su gobierno. López Obrador, en lugar de retomar las acciones tomadas por el estado mexicano en el marco de la Cumbre Climática, habló en nombre de otros sujetos de la comunidad internacional y tocó temas fuera de la agenda: migración. Por si no fuera poco esto, pidió el financiamiento del Gobierno Estadounidense y que se otorgaran visas de trabajo. ¿Dónde está la hipocresía? En hablar de su escasa preocupación ambiental cuando destina una inmensa cantidad de recursos públicos a refinerías —el equivalente de hablar de justicia y promover candidatos investigados por delitos sexuales—.

Es decir, mientras los demás se preocupan por el cuidado de los recursos naturales y el impacto de las personas a causa de sus emisiones y consumo, él busca recibir dinero y visas por un programa para personas que no son connacionales y que, además, evitan el cuidado de los bosques porque, si lo olvidó, el programa Sembrando Vida provocó que se hiciera la quema de bosques para recibir recursos del gobierno federal y plantar nuevos árboles, los que le gustan al presidente AMLO. No significa que la búsqueda de empleos para estas personas centroamericanas sea incorrecta, pero no tiene porqué hablar en nombre de estos países como el hermano mayor que va con mamá a pedir dinero para ir por un refresco. Tampoco tiene que tomar decisiones sobre migración o el presupuesto de Estados Unidos. Para Andrés Manuel no es suficiente ser presidente de México, necesita serlo también de los estados vecinos.


«¿Qué pasa si gobiernas con una mente del siglo pasado?» Sería el nombre de la obra que nos presenta todas las mañanas durante casi tres años Andrés Manuel. Una presentación que mostró su poco interés por el medio ambiente y el país, y su tenacidad para conseguir lo que se propone, así tenga que pasar encima de la juventud, del sector privado, de la sociedad mexicana, o los socios comerciales internacionales. Él pretende llevar las riendas de un país que añora por justicia y equidad, mediante promesas vacías, persecuciones infructuosas, politiquería y montajes.

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