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  • Octavio Ortega Maldonado

La responsabilidad de las nuevas generaciones hacia las elecciones del 6 de junio de 2021

Cada tres años hay un ritual del caos —del que no habló Monsiváis, pero bueno hubiese sido— en que el mexicano primero se entrega al carnaval de las cúpulas partidistas multicolores y luego, mediante preces fervientes exige que le sean inocuas sus concupiscencias.


Durante las campañas baila al son de la televisión, goza con los “spots" y cae en la tentación; bebe de la superstición sobre cambio, progreso, trabajo y educación (entre otros licores); delira que sólo uno tiene la solución, confiesa que “unos" no roban tanto como otros y al final balbucea que “todos son lo mismo”. Su éxtasis lo firma con la huella digital que, con tinta indeleble, anuncia la compra del boleto al espectáculo electoral. Lo aturden tantos alcoholes publicitarios entre espectaculares y volantes que al final sólo vislumbra borrosas luces azules, guindas, amarillas y tricolores. Ya no puede ni con su alma, ha perdido la consciencia, pero ¡¿qué importa?!, han ganado sus santos candidatos y ahora todo es diferente, se acaba el pillaje ... ha ganado la gente... El mexicano se marea... se desvanece... y cae borracho. Aún respira...


Pero lo que aniquila es la cruda; despertar y saber que de nada ha servido el jolgorio, que el cambio no pasa de ser promesa venida a suspiro y olvido. Aún así, creemos recordar habernos divertido y sabemos que el más ligero de los empujones bastará para meternos de nuevo en la comparsa demagógicaocrática.


Pero 2021 es una oportunidad de redención, de cambio profundo; más que de gobernantes, de ciudadanos. Rumbo a las elecciones de este año tenemos que dilucidar candidatos, partidos y coaliciones. Sí, pero sobre todo, necesitamos discutir las circunstancias, las ideas, las propuestas y los caminos que habrán de tomar quienes pretenden ocupar un cargo público.


Tendemos a primero juzgar qué candidato de antemano nos cae mejor y luego eventualmente conocemos cuáles son sus propuestas, pero no necesariamente es el orden adecuado. Considero que el planteamiento en la discusión ciudadana debe hacerse: 1) partiendo de la realidad de México; 2) analizando los problemas en que estamos inmersos y lo que queremos para el país, los estados y municipios; 3) discutiendo propuestas (que provengan de nosotros y no sólo aquellas que adoptamos de los candidatos); 4) identificando los proyectos y equipos en que las propuestas sean viables, y 5) confrontando las alternativas con el historial de desempeño de los aspirantes y sus partidos, en funciones de gobierno.


Pero no basta. No debemos esperar que la persona por quien votemos, al ocupar el cargo defina cómo gobernar, sino que nosotros debemos incidir en las directrices y participar en su ejecución, es nuestra obligación ser proactivos. Quienes ocupan cargos de elección popular son nuestros representantes, nuestros mandatarios. Ya no estamos para ser inertes espectadores y limitar nuestra participación a la mera elección de una persona.


¿Por qué creemos que nuestra elección se reduce a seleccionar personas para gobernar y no a determinar qué cursos de acción han de seguir aquéllas? La respuesta es sencilla: porque no tenemos mayor nivel de compromiso y participación ciudadana. Somos muy buenos para quejarnos, pero muy malos para proponer y discutir las causas y posibles salidas a los obstáculos que se nos presentan. Nuestras ideas para resolver retos de comunidad son vagas y etéreas. Con los retos que representan la pandemia, economía, inseguridad, desigualdad, corrupción e impunidad, entre otros, no nos podemos dar ese lujo.

La ciudadanía debe estar a la altura de México y ser garante de su democracia. Con la composición del electorado y las nuevas herramientas disponibles, ello es posible. Hay treinta y seis millones de electores milennials/centennials (más de una tercera parte de la lista nominal publicada por el INE), muchos de los cuales, a través de redes sociales, están al tanto del acontecer en la vida diaria y cuentan con los medios para pronunciarse sobre ella. Los jóvenes tienen lo necesario para involucrarse en la democracia del país y cambiar la forma en que se ejerce.


Las nuevas generaciones pueden ser más conscientes y proactivas, dado que se involucran en emprendimiento, innovación y activismo social; no se quedan conformes con el mundo que les rodea y buscan transformarlo. Sin ahondar en el tema, cabe destacar la respuesta en la capital y en varias entidades del país tras el sismo del 19 de septiembre de 2017, sin que “el gobierno” lo pidiese. Es un claro ejemplo de que si hay voluntad para involucrarse, se puede hacer frente a los problemas de manera efectiva.


El desafío realmente está en no permitir que esta participación se vea nublada por demagogia, desinformación, trivialización e indiferencia.


Así como las redes sociales han contribuido a conectarnos y han sido una alternativa a los medios tradicionales para hacerse de información, en lo que concierne a procesos electorales, desafortunadamente hemos visto casos donde han dado lugar a exactamente lo opuesto. Los bots y las noticias falsas modifican tendencias, opiniones y eventualmente resultados; partiendo de la manipulación emocional de los usuarios que aleja a los mismos de debates concretos y serios. Esto se puede combatir denunciando, bloqueando y eliminando estos obstáculos de la discusión democrática, discriminando el contenido serio del que no lo es y dedicándole tiempo a la discusión de lo público.


En cuanto a la trivialización e indiferencia, vemos convivir en el mismo muro de Facebook una publicación sobre ideas para combatir la pobreza o desacelerar el cambio climático y videos de bailes de moda o memes de gatos y los segundos ser más seguidos y aprobados que los primeros. No está mal que en las redes sociales se disfruten memes o fotos de comida, pero considero que es necesario contar con un espacio para hablar de temas de interés colectivo, de problemas que tenemos como comunidad. A mi parecer, la trivialización y la indiferencia que amenazan la forma de procesar la información en redes sociales y en concreto la racionalidad de los debates en que debemos participar relativos a las elecciones de este año, han de combatirse con una división de contenidos que permita darle la importancia debida a lo público.


Las nuevas generaciones han de usar las redes sociales, entre otros recursos, para discutir los temas que son relevantes para nuestra sociedad y de forma que se involucren, que tomen un papel activo para darle cause.


Por consciencia y porque tenemos los medios óptimos para ello, quienes vamos a votar en estas elecciones hemos de discutir a profundidad los problemas en que, como comunidad, estamos inmersos, así como sugerir rutas para solventarlos. Hemos de indagar sobre los mismos y proponer soluciones para resolverlos, tanto desde nuestra trinchera como a través del diálogo que tengamos con nuestro vecino, y en su caso, con los candidatos. Pero, sobre todo, tenemos que exigir y ser parte de debates serios donde se analicen las causas, realidades e intentos pasados para hacer frente a dichos desafíos. Es menester alejarnos de conversaciones estériles, de desahogos viscerales y frases vacías con acusaciones y denostaciones inútiles. Debemos preguntarnos qué podemos hacer nosotros por nuestro país (en el espíritu de JFK), pero sobre todo por nuestra comunidad más cercana, nuestra vecindad, condominio, calle o colonia, lugares donde, como en el terremoto, podemos incidir directamente y no esperar a que quienes no han venido a cambiar al país, de repente lo quieran hacer.


Si en el camino hacia las elecciones de este año se puede lograr una mayor y mejor participación, no cabe duda de que, no en tres años, sino hoy, habrá un México mejor, pues tendrá gente más comprometida para confrontar sus retos independientemente de quién sea electo para gobernar. Hoy las circunstancias requieren que los ciudadanos actuemos in motv proprio para dirigir el rumbo del país.


Para esto proponemos Qvæstor. Qvæstor es la red social que facilita el debate entre usuarios de forma sencilla y estructurada. Es la plataforma para contrastar ideas, hacer propuestas y dar soluciones a los retos que hay en nuestras comunidades aprovechando el potencial de las redes sociales para hacer de la participación ciudadana algo accesible, sencillo y cotidiano.


Qvæstor brinda herramientas para elevar el diálogo discutiendo cuestiones de fondo con argumentos y razones -no con adjetivos-, desde los asuntos de nuestra calle, cuadra o colonia, hasta temas de trascendencia regional, nacional o global, así como los relativos a nuestros trabajos, clases o asociaciones.


Qvæstor regresa el poder de decisión a una ciudadanía que dialoga para así mejorar nuestra sociedad. ¿Seguir sin preguntar? ... o ... ¿Pensar y desafiar?


He ahí la qvæstio.

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