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  • Rafael Mendoza Padilla

Los colores de México

Quizá el problema está en que un día a alguien se le ocurrió ver todo en blanco y negro…


En 1917 se promulgó nuestra actual Constitución, que ha sido reformada más de cien veces. Lo que refiere una constante evolución del pensamiento colectivo y de las instituciones y normas que pretenden regular a la sociedad. Sin embargo, ¿por qué es necesario está evolución? Al parecer porque, en algún momento de la historia —no sabemos en cuál—, el pensamiento retrocedió. Dejamos de reconocer las diversidades de pensamiento, de actuar y de ser. En algún punto el humano pretendió clasificarse para así entenderse, tornó todo al blanco y negro, y quiso borrar el gran collage de colores en el lienzo de la vida.


¿A qué me refiero? A que hace años alguien declaró que la naturaleza de las personas era ser heterosexual y cisgénero, que el color de piel les hacía mejor, o la altura, o el apellido. Lo que nos condujo a una serie de luchas por demostrar que nada de esto es cierto. Somos diferentes, pero todos con los mismos derechos. Eso reconoce el artículo 1º de nuestra Constitución Política. Esto también nos guió a que hoy se deba legalizar en las entidades federativas el matrimonio igualitario —porque no, el propósito del matrimonio y de la familia no sólo es procrear hijxs. De ser así las personas que no los tienen por decisión propia o por cuestiones de su anatomía son igualmente antinaturales. Tanto es así que tenemos el caso de la mariposa: un animal que en los primeros años de su existencia no poseía alas, sin embargo, ante la posibilidad de su anatomía, las desarrolló. ¿Acaso es antinatural porque ahora las tiene?—. «Todo lo que es posible es natural».


Otro ejemplo de querer catalogar es imaginar que los colores tienen género. Quizá esto no es de carácter normativo, pero sí lo es de costumbre: otra fuente de derecho. E incluso si no lo fuera, basta con que la sociedad juzgue como erróneo el utilizar uno u otro color para evitar la acción. Si recordamos Vigilar y Castigar de Michel Foucault uno de los peores castigos no era el tormento físico, sino la exposición de la víctima ante la sociedad. Lo que refleja nuestra esencia de seres sociales, necesitamos la interacción con otrxs de nuestra especie. Tal vez si recordamos las vidas que el rechazo ha guiado al suicidio, comprenderemos la naturaleza de la pena.


Y así existen un sin número de ejemplos, de ideas, que poco a poco han tenido que cambiar para reconocer la esencia del humano, para protegerla y defenderla a través de unas palabras escritas en papel: la Máxima Norma. Porque la defensa de los derechos que todos y todas tienen, no nos hace iguales en sentimientos, pensamientos, actos y/o preferencias. Cada individuo es un universo distinto al otro. Sin embargo, no es suficiente con que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos reconozca y ampare estas diferencias, hace falta también gritarle a la sociedad que las tenemos y que no por eso dejamos de tener dignidad o derechos.


Es necesario cerrar la entrada vial al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México para recordarle al Gobierno Federal que el artículo 4º de la Máxima Norma contempla el derecho a la protección de la salud y, por lo tanto, de proveer con medicamentos a lxs niñxs con cáncer.


Lo que es un derecho para los particulares, es una obligación para la autoridad.


Es imperativo que una persona que pertenece a la comunidad LGBTTTI+ acuda ante la autoridad competente y los medios de comunicación para exigir el respeto a su libre desarrollo psicosexual y a la no discriminación. Porque en este país sus familiares, sus amigxs y sus empleadorxs le relegan, le despiden. Es todavía más grave cuando esta empresa que le juzga por sus preferencias es una firma de abogadxs de nivel internacional que proclama su gran respeto ante la comunidad. Esto sólo demuestra su poca empatía, respeto, humanidad y coherencia. ¿Ellxs a quiénes defenderán?


Estamos en México, un lugar en el que las personas y las autoridades no respetan a las mujeres. Porque en él, más del 99% de casos de agresión sexual no se denuncian, ¿tendrá que ver con que el 93% de los que sí se hace no se resuelven? Probablemente, pero también se relaciona con la falta de respeto y defensa a las víctimas. Prefieren defender a lxs agresores.


Por lo que se vuelve más importante que nunca exigir los derechos; salgan y pinten o golpeen el Ángel de la Independencia. Porque el país no les permite ser independientes: se juzga a las mujeres por ser solteras, por concentrarse en el trabajo, por no tener hijxs, se les abusa, viola y/o mata. ¿Cómo aclamar la revolución cuando el sueldo de un hombre es mayor al de una mujer que desempeña el mismo cargo? ¿De qué sirven los monumentos cuando no representan nada? Porque existe acoso en el trabajo, discriminación, abuso, etc. Los monumentos son cosas, piedras si se les quiere ver así, que representan actos humanos. Si no lo representan y se vuelven más valiosos que una vida, ¿en qué clase de sociedad y país vivimos?


En el tipo de país que defiende a una youtuber por humillar a una víctima de violación, por almacenar y distribuir pornografía infantil —porque recordemos que un delito se tipifica cuando la conducta externa de un sujeto actualiza una hipótesis normativa. Y esto no admite opiniones porque donde la ley no distingue, no lo tenemos que hacer—. Una sociedad que trata de excusarla con la libre expresión, con el alcoholismo de la víctima, con la frase «él o ella no es así». Nadie tiene derecho a violar a otra persona por su estado de sobriedad o ebriedad.


Imagina —hombre o mujer— que vas a tomar, lo haces en demasía o vierten algo en tu bebida para que pierdas la conciencia. Despiertas a la mañana siguiente sin recordar nada, ¿en qué momento pudiste consentir un acto sexual? ¿Sería tu culpa? Quizá la respuesta que des pueda decirte si respetas los derechos, la Constitución, a las personas…

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